Visto, lo visto, tengo que sucumbir. Mmmm, qué sacrificio.
Aquí la tenéis, feliz después de su desayuno lácteo y enfundada en uno de los faldones hechos por su amatxi Mari Luz. Ahí donde la veis, la niña es muy, pero que muy, afortunada. Tiene mil cochas hechas con mucho amor: chaquetillas, faldones, gorritos (y eso que entre el invierno y el crecimiento cefálico de la niña, no están teniendo mucho uso), patucos, hasta decoración única tiene. A ver si os voy haciendo unas fotillos y lo veis.
Después de comer, qué mejor que buscar una buena hamaca, un sitio con una buena luz y ala a dormir se ha dicho.
Parece un tópico, pero es una realidad como un templo: YA HA PASADO UN MES. Y aquí la tenemos a ella, con sus zapatitos. Y es que fetichista ¿se nace o se hace?
Adivinad quién tiene zapatos nuevos. Jejeje. Y sin hacer cola en las rebajas, ehhh. Es que soy un poco suertuda.
Está bien, tendré que ir acostumbrándome a este segundo plano. En realidad tenéis razón, mi mejor proyecto creativo-amoroso del año pasado es Irati. Ahí van estas fotos para que veáis qué rápido se pasa de la placidez, sonrisa, al lloro. Sobre todo si antes no se ha llenado la barriguita.